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Cómo delegar eficientemente
Qué nos planteamos cuando nuestra capacidad de trabajo se ve superada por el volumen de trabajo: trabajar más, mucho más… Sin embargo, la incapacidad de delegar puede afectar notablemente el rendimiento, afectar las decisiones y hasta plantear serios riesgos para la salud.

Muchos directivos se lamentan por el exceso de trabajo sobre sus espaldas. El agotamiento, además de perjudicar la lucidez para la toma de decisiones, puede implicar serios riesgos para la salud.
Y, sin embargo, cuando se les pregunta por qué no delegan algunas tareas, suelen presentar excusas como las siguientes: "esto sólo puedo hacerlo yo", "no tengo a un empleado preparado ni tiempo para capacitarlo" o "no puedo dar más trabajo a mis empleados, ya están muy exigidos".
Detrás de estas opiniones puede montarse una imperiosa necesidad personal de “asegurar” los objetivos, escasa paciencia para capacitar y supervisar al otro y, sobre todo, una subjetiva visión acerca de la eficiencia del trabajo en equipo. Y en nombre de esas opiniones se termina realizando tareas de poco valor agregado para los fines estratégicos de la empresa en general y del directivo en particular.
Es evidente que, al principio, un colaborador no hará el trabajo con la misma calidad que uno mismo. Sin embargo, mediante breves lecciones y pruebas controladas, es posible que llegue a hacerlas mejor, aunque no de la misma manera. En todo momento, es necesario considerar que DELEGAR no es DESLIGARSE. Delegar es otorgar poder a otro con un objetivo claro y preciso para que ejecute una determinada tarea con eficiencia. Se delegan las tareas, no la responsabilidad.
Así, veamos algunas pautas para una delegación efectiva:
1) Seleccionar el empleado adecuado
2) Delimitar y describir detalladamente la tarea a realizar
3) Establecer, desde el principio, los márgenes de libertad para la toma de decisiones por parte del colaborador
4) Señalar los objetivos y plazos a cumplir en forma clara y precisa
5) Registrar la fecha y/u hora en que se otorga la tarea
6) Revisar periódicamente el cumplimiento de los objetivos en tiempo y forma
7) Brindar orientación e información pertinentes
8) Corregir los errores apenas son detectados
La tarea del directivo es, como su nombre lo indica, dirigir personas y no realizar él mismo el trabajo operativo. En una empresa las tareas asignadas a cada nivel deben representar una importancia congruente con la responsabilidad, la cual debe ser paulatinamente creciente. Así, entrenar a los otros para que puedan ejecutar en tiempo y forma es una inversión extremadamente redituable para el crecimiento de todo el personal y la empresa.
Si el líder delega correctamente y confía en la capacidad de su colaborador asignando tareas de creciente responsabilidad, tendrá tiempo para reflexionar y actuar sobre los problemas, riesgos y oportunidades del negocio. Es decir, tiempo para dedicar al pensamiento y la acción estratégicos, propiciando su propio crecimiento.
 

                                                                                                                           

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